Corazones latiendo

lunes, 25 de junio de 2012

Antonio Puerta.

No sé cómo empezar, dedicar entradas a personas que te han dado tanto, es demasiado.
Ni siquiera me salen las palabras, lo único que me sale ahora mismo son las lágrimas...
Antonio, el 27 de agosto harán 5 años desde que te fuiste, 5 años que no soy capaz de superar, 5 años a lo cual te echo de menos... Y... 5 años que espero que todo lo que vivo sea un sueño... Pero no lo es...
¿Por qué hay preguntas qué no hay quién las respondan?
No entiendo a qué juega esta vida...
Esta vida están injusta... Te echo de menos...
Echo de menos ir al Pizjuán y verte por la banda, verte volver loco a los jugadores que tienen que estar encima tuya... Ahora dejaré algunas palabras, que hace un tiempo atrás, le dedicaron a Puerta. Y cada vez que lo escucho lloro a no más poder.
<<27 de Abril, temporada del centenario, ¿Quién nos lo iba a decir? Por fin se acababa el calvario. Tantos años de penuria se podían terminar. Esperábamos a un ángel que nos viniera a ayudar. Y llegó el minuto cien del partido más esperado, para que llegara Puerta, y hacer olvidar el pasado. Tuvo que ser sevillano, canterano y de Nervión, el que cumpliera nuestro sueño, nuestra mayor ilusión. El gol que cambió nuestras vidas, el que encogió el corazón, el que le quitó la espina, a esta sufrida afición.
Ahí empezó la historia, la más grande jamás contada, la de un equipo invencible, que no se rendía ante nada. Quince meses de alegría, de eterna felicidad subidos en una nube que nunca quisimos bajar, aquella noche de Eindhoven, Mónaco, Glaswog, Madrid. Serán recuerdos imborrables, yo nunca vi tan feliz disfrutar tanto a mi padre. Le devolviste la alegría, vio cumplida su ilusión, ya puede decir orgulloso, que vio al Sevilla campeón. Cómo está el tercer anillo, como disfrutan en el cielo, que orgulloso Antonio Puerta, que feliz estará tu abuelo. ¿Cómo puede una persona repartir tanta alegría?
Tiene que ser un regalo, que nos mandan desde arriba. Pero una desgracia esperando el destino nos tenía, el peor de nuestros sueños, el peor de nuestros días. Llegó el días más negro, de la historia del Sevilla, el día más cruel, el más triste, nuestra peor pesadilla. Y aunque te llamó el destino la muerte te desplomó, del suelo te levantó tú abuelo, tu gran Guardián de Nervión. Él quiso que de pié pudieras despedirte de tu afición, y llevarte para el cielo con la mayor ovación. Salir como fuiste en vida, salir a lo campeón. No quiero que nadie piense que Antonio Puerta se rindió, Antonio es tan buena gente que ni siquiera a la muerte le supo decir que no. Murió con las botas puestas, cabeza alta mirando al frente, murió defendiendo su escudo, en su casa y con su gente. Jugaste en tu equipo del alma, donde más te hacía ilusión, cumpliste tu sueño de niño, poder jugar en Nervión. Para hacer grande al Sevilla, tú naciste para eso, naciste con un corazón que no te cabía en el pecho. Nadie expresó cómo tú el arte y la filigrana, ejemplo para los niños la cantera del mañana. Por eso te doy las gracias, por hacerme tan feliz, por eso nunca en la vida me podré olvidar de ti. Con tu casta y con tus goles nos hiciste disfrutar, tú nos diste una alegría que nunca podremos olvidar. Solo los grandes amigos te hacen reír y llorar, por eso te quiero tanto, aunque nunca hablé contigo, por eso siempre contesto que Antonio Puerta fue mi amigo. Siempre podré decir alto que vi jugar a Antonio Puerta, yo vi jugar al más grande, yo vi jugar esa leyenda, le vi partirse la cara, morir por nuestros colores, por eso te despedimos con los más grandes honores. Te sacaron de tu casa, como los grandes toreros, saliste por la grande puerta a hombros de tus compañeros. Hay que ser buena persona, para no tener enemigos, para unir a una ciudad, todos de acuerdo contigo. Ver a un Bético llorando por el héroe de Nervión, ver recibir al Real Betis del Pizjuán una ovación, tenemos que reconocerlo, siempre tendremos en cuenta tan noble y bonito gesto. Tú dejabas una sonrisa por donde quiera que fueras, y llevabas con orgullo a Sevilla por bandera. Ejemplo de canterano de joven con madurez, siempre los pies en el suelo sin perder la sencillez. Por eso estamos hoy aquí, por eso venimos a verte, porque somos como tú Sevillista hasta la muerte. Todo por ti Antonio Puerta, por ser siempre como eras, por eso de ti orgulloso se siente Sevilla entera. Y cada jueves de feria brindaré mirando al cielo, mientras agarro mi escudo, mientras te grito TE QUIERO. Quiero ver al sevillismo, levantar su copa arriba, juntos así recordaremos, que bonito fue aquel día. La banda izquierda del Sevilla nunca será como antes, es imposible igualar, aquella Zurda de Diamantes. Si veis dos estrellas roja y blanca allí en lo alto del cielo, junto encima del Pizjuán, ese es Antonio y su abuelo. Le está contando aquel gol de cómo cambió nuestras vidas, de cómo empezó la leyenda, de cómo hizo grande al Sevilla.
No te preocupes por tu hijo, que en buenas manos estará, con su madre y sus abuelos no les va a faltar de na. Tiene detrás al sevillismo, tiene detrás a una ciudad, y al saber quien fue su padre siempre orgulloso estará. El jugará en su Sevilla, como lo hizo su padre, y volveremos a disfrutar de aquella Zurda de Diamantes. Él se pondrá el dieciséis, aquel que el padre dejó, y le cambiará la vida, a la nueva generación. Se pondrá el veintisiete cuando juguemos en Europa, y él nos llevará de nuevo a otra final de copa. Cuando marque su gol lo dedicará hacía el cielo, mientras lloran de emoción su padre y su bisabuelo. Ya llegó la hora maldita, ya te esperan los guardianes, las puertas del cielo están abiertas, muchas gracias y hasta siempre.
No te olvidaremos Puerta, vaya equipazo está haciendo Don Ramón Sánchez-Pizjuán, tiene a Izaguirre de portero, tiene al gordo Campanal, tiene a dos grandes ayudantes, Luí Gallego y Luis Cuerva, un equipo que al rival hace temblarle las piernas. Araujo, Doménech, Berruezo, Dieguez, Antonio Puerta.
Ellos también en el cielo tienen su fiel afición, todos aquellos sevillistas que llevamos en el corazón. Todas las noches en mí casa, antes de irse a acostar, me dice a mí, mi pequeño cuéntame un cuento papá. Y con lágrimas en los ojos, tragando saliva y aguantando el tirón, le cuento a mi chiquillo una historia de Nervión. La de un hombre legendario que nos hizo campeón, el que lleva el brazalete de los Guardianes de Nervión. Él que nos cambió la vida y nos rompió el corazón. La historio de Antonio Puerta, la del Héroe de Nervión. Todo tiene su principio, todo tiene su final, pero hay cosas grabadas a fuego que no se pueden olvidar. Antonio Puerta no se ha ido, puedes verlo en tu interior, cierra los ojos y mira dentro de tu corazón>>

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